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 El Camino del Río: Identificación, Consideración interna y Consideración externa

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Sun ki
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MensajeTema: El Camino del Río: Identificación, Consideración interna y Consideración externa   8/3/2014, 22:07

La identificación

La identificación con el ego es uno de los hechos más característicos en nuestra psique. Continuamente necesitamos identificarnos con todo. Buscamos adónde aferrarnos en cada momento de nuestra vida. Buscamos la fe y la esperanza, y nos perdemos entre sus nieblas. No sólo nos aferramos a lo externo, sino también a nuestros rasgos psicológicos. Creamos nuestros propios principios sino es que seguimos los de un grupo o religión, y los seguimos ciegamente, y no conscientemente. Forma parte de la mecanicidad humana. Así, identificados con todo, no somos nada. En la obra Fragmentos de una enseñanza desconocida[1], de P.D. Ouspensky, Gurdjieff dijo:

"«La identificación» es un rasgo tan común, que en la tarea de la observación de sí es difícil separarla del resto. El hombre está siempre en estado de identificación; sólo cambia el objeto de su identificación.

"El hombre se identifica con un pequeño problema que encuentra en su camino y olvida completamente las grandes metas que se propuso al principio de su trabajo. Se identifica con un pensamiento y olvida todos los demás. Se identifica con una emoción, con un estado de ánimo, y olvida otros sentimientos más profundos. Al trabajar sobre sí mismas, las personas se identifican hasta tal punto con metas aisladas que pierden de vista el conjunto. Para ellas los dos o tres árboles más cercanos llegan a representar todo el bosque.

"La identificación es nuestro más terrible enemigo porque penetra por todas partes. En el mismo momento en que creemos luchar contra ella seguimos siendo víctimas de su engaño. Y si nos es tan difícil liberarnos de la identificación, es porque nos identificamos más fácilmente con las cosas que más nos interesan, a las que damos nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra atención. Para liberarse de la identificación el hombre debe entonces estar constantemente en guardia y ser despiadado consigo mismo. Es decir, que no debe tener miedo de desenmascarar todas sus formas sutiles y escondidas.

"Es indispensable ver y estudiar la identificación a fin de descubrirla en nosotros mismos hasta sus raíces más profundas. Pero la dificultad de la lucha contra la identificación se acrecienta aún más por el hecho de que cuando la gente la nota, la mira como una cualidad excelente y le concede los nombres de «entusiasmo», «celo», «pasión», «espontaneidad», «inspiración», etc. Consideran que realmente no pueden hacer un buen trabajo en cualquier terreno sino en estado de identificación. En realidad esto es una ilusión. En tal estado el hombre no puede hacer nada sensato. Y si la gente pudiera ver lo que significa el estado de identificación, cambiaría de opinión. El hombre identificado no es más que una cosa, un trozo de carne; pierde hasta la poca semejanza que tenía con un ser humano. […] Miren a la gente en las tiendas, los teatros o restaurantes. Vean cómo se identifican con las palabras cuando discuten o tratan de probar algo, sobre todo algo que no conocen. No son más que deseo, avidez, o palabras; de ellos mismos no queda nada.”

Pensemos en las palabras de Gurdjieff en cuanto a la actitud de identificación que practicamos cada día. Se podría decir incluso que si no nos identificamos con cualquier cosa creemos que no somos nada. Incluso los que se consideran librepensadores se identifican con que son librepensadores. “Soy librepensador, no sigo a nadie, y soy fiel a mis principios”. Bien, dentro de cada cosa existen distintos matices y enfoques, y cierto es que ser fiel a uno mismo es vital para andar por la vida, pero: ¿ése “mí mismo” es nuestra esencia, o el ego?

El ser humano se apega a él mismo. Normalmente, todos las personas poseemos un rasgo distintivo que nos caracteriza; ése rasgo distintivo es el aspecto predominante del hacer, del sentir y del pensar del ego. Y lo aceptamos como nuestro, como un rasgo genuino. En realidad, ése rasgo característico provoca la pérdida de nuestra energía y libertad. Ése rasgo al que tanto nos apegamos –es decir, nos identificamos— es dificultoso de eliminar o transformar. De hecho es normal ya que, sin tener un carácter determinado, ¿qué soy entonces?, puede preguntarse cualquier persona. El ser humano necesita reafirmarse y auto reafirmarse como individuo con un carácter concreto, pues esta es una prueba para él de que existe. Cabe decir que, como prueba de la contrariedad en la que estamos sumergidos, al mismo tiempo que deseamos ser únicos y originales, necesitamos sentirnos reconocidos y bien considerados por aquella persona o grupo con el que nos identificamos. Y esto, una vez más, es falso, pura ilusión. Toda adquisición de un rasgo distintivo como propio limita enormemente y mengua las capacidades de crecimiento y evolución interior. Reflexionar sobre cuál es nuestro rasgo distintivo principal nos ayuda a conocernos mucho mejor.

Consideración externa y consideración interna

Para profundizar más en el asunto de la identificación y los enfoques de vida consiguientes, y ya que nos ayudará a diferenciar mejor las actitudes genuinas de las del ego, mencionaremos el concepto de las enseñanzas del Cuarto Camino sobre la consideración interna y externa. En la ya mencionada obra Fragmentos de una enseñanza desconocida, encontramos una buena definición por boca de Gurdjieff:

"En la mayoría de los casos un hombre se identifica con lo que piensan los demás de él, con la forma en que lo tratan, con la actitud que tienen hacia él. Un hombre piensa siempre que los demás no lo aprecian lo suficiente, que no son suficientemente corteses o atentos. Todo esto lo atormenta, lo preocupa, lo vuelve receloso y hace que desperdicie una cantidad enorme de energía en conjeturas o en suposiciones; de esta manera desarrolla en él una actitud desconfiada y hostil respecto a los demás. Cómo lo han mirado, lo que se piensa de él, lo que se dice de él, todo esto toma una importancia enorme a sus ojos.

"Y no solo «considera» a las personas sino también a la sociedad y a las condiciones históricas. Todo lo que a tal hombre le desagrada le parece injusto, ilegítimo, falso e ilógico. Siempre el punto de partida de su juicio es que las cosas pueden y deben ser cambiadas. La «injusticia» es una de las palabras que sirven a menudo de máscara para la «consideración». Cuando un hombre se convence de que lo que lo subleva es una «injusticia», el dejar de considerar equivaldría para él a «reconciliarse con la injusticia».

“[…] El hombre toma todo de una manera personal, como si todo en el mundo hubiese sido dispuesto especialmente para complacerlo o por el contrario para causarle desagrado y fastidio.

"Todo esto no es sino una forma de «identificación» y se podrían citar muchas otras formas. Este tipo de consideración se basa enteramente en las «exigencias». El hombre en su fuero interno «exige» que todo el mundo lo tome por alguien notable, a quien cada cual debería constantemente mostrar respeto, estima y admiración por su inteligencia, su belleza, su habilidad, su sentido del humor, su presencia de ánimo, su originalidad y todas sus otras cualidades. Estas «exigencias» se basan a su vez en la noción completamente fantástica que la gente tiene de sí misma, lo que sucede muy a menudo aun con personas de apariencia muy modesta. [...] Hay todavía otra forma de «consideración» que puede quitarle al hombre una gran parte de su energía. Tiene como punto de partida la actitud que consiste en creer que no considera lo suficiente a otra persona y que ésta se ofenda por esto. Comienza a decirse que quizá él no piensa lo suficiente en esta otra persona, que no le presta suficiente atención y que no le da un lugar suficientemente grande. Todo esto no es sino debilidad. Los hombres se tienen miedo unos a otros. Y esto puede llegar muy lejos.

[...]

“Otro ejemplo, quizá peor aún, es el del hombre que considera que según él «debería» hacer algo, mientras en realidad no tiene absolutamente nada que hacer. «Deber» y «no deber» es un problema difícil: es difícil comprender cuándo un hombre realmente «debe» y cuándo «no debe». Esta cuestión no se puede abordar sino desde el punto de vista de la «meta». Cuando un hombre tiene una meta, debe hacer exclusivamente lo que le permita acercarse, y nada que pueda alejarlo de ella.

"Como ya lo he dicho, las personas se imaginan a menudo que si comienzan a combatir la «consideración» en sí mismas, perderían su sinceridad y tienen miedo porque piensan que en este caso perderán algo, una parte de sí mismas. […]

"Por supuesto este miedo de perder su sinceridad es un engaño, una de esas fórmulas engañosas en que descansa la debilidad humana. El hombre no puede impedir el identificarse ni el «considerar interiormente», no puede impedir el expresar sus emociones desagradables, por la sola razón de que es débil. La identificación, la consideración, la expresión de emociones desagradables son manifestaciones de su debilidad, de su impotencia, de su incapacidad de dominarse. Pero como no quiere confesarse esta debilidad, la llama «sinceridad» u «honradez», y se dice a sí mismo que no desea luchar contra su sinceridad, cuando de hecho es incapaz de luchar contra sus debilidades.

"La sinceridad, la honradez, son en realidad algo totalmente diferente. Lo que por lo general se llama «sinceridad» es simplemente un rehusar a refrenarse. En lo más profundo de sí mismo todo hombre lo sabe bien. De manera que cada vez que pretende no perder su sinceridad, se miente a sí mismo.”


Podemos ver en esta definición que la práctica totalidad de los individuos consideramos interiormente todo cuanto nos rodea al igual que a sí mismos. Y si tenemos en cuenta que “las personas se imaginan a menudo que si comienzan a combatir la «consideración» en sí mismas, perderían su sinceridad y tienen miedo porque piensan que en este caso perderán algo, una parte de sí mismas” porque estamos apegadas –en muchas ocasiones emocionalmente— a las propias ideas, al propio sentir –sentir del ego, claro está— y demás factores que nos componen, podemos clarificar que no nos permitimos desarraigarnos de estas consideraciones internas.

En lugar de considerar interiormente, pensando que el mundo está creado para cumplir con los caprichos de uno mismo y en el que a su vez existen ciertos deberes morales y conductuales que han de cumplirse por todos los medios, sería propicio que consideráramos exteriormente. Gurdjieff continúa diciendo:


"Lo contrario de la consideración interior —la consideración exterior— constituye en parte un medio de lucha contra ella [la consideración interior]. La consideración exterior se basa en una especie de relación con la gente que es totalmente diferente de la consideración interior. Es una adaptación a la gente, a su comprensión y a sus exigencias. Al considerar exteriormente, un hombre realiza todo lo necesario para hacerse la vida más fácil a sí mismo y a los demás. La consideración exterior necesita un conocimiento de los hombres, una comprensión de sus gustos, de sus hábitos y de sus prejuicios. Al mismo tiempo, la consideración exterior requiere un gran poder sobre sí mismo, un gran dominio de sí. Sucede muy a menudo que un hombre desea sinceramente expresar o mostrar a alguien de una u otra manera lo que realmente piensa de él o lo que siente respecto a él. Si es débil, cede naturalmente a su deseo, tras lo cual se justifica diciendo que no quería mentir, que no quería fingir, que quería ser sincero. Luego, se convence a sí mismo de que la culpa era del otro. Quería realmente considerarlo y aún estaba dispuesto a ceder, no quería disputas, etc. Pero el otro rehusó considerarlo, así que no había nada que hacer con él. Sucede a menudo que un hombre comienza con una bendición y termina con una injuria. Decide no considerar a los demás y después los censura por no considerarlo a él. Este ejemplo muestra cómo la consideración exterior degenera en consideración interior. Pero si un hombre se recuerda realmente a sí mismo, comprende que el otro es tan máquina como él. Entonces se pondrá en el lugar del otro. Al hacerlo, llegará a ser realmente capaz de comprender lo que el otro piensa y siente. Si se puede comportar así, su trabajo se vuelve mucho más fácil para él. Pero si se acerca a un hombre con sus propias exigencias, no obtendrá sino una nueva consideración interior.

"Es muy importante en el trabajo [sobre sí mismo] una justa consideración exterior. A menudo sucede que hombres que comprenden muy bien la necesidad de la consideración exterior en la vida, no comprenden esta necesidad en el trabajo; deciden que justamente porque trabajan sobre sí mismos, tienen el derecho de no considerar. Mientras que en realidad, en el trabajo, es decir para que éste sea eficaz, es necesario diez veces más consideración exterior que en la vida corriente, porque solamente la consideración exterior del alumno puede mostrar su valoración y su comprensión del trabajo; en efecto, los resultados del trabajo son siempre proporcionales a la valoración y a la comprensión que se tiene de él. Recuerden que el trabajo no puede comenzar y proseguir en un nivel más bajo que el del «hombre de la calle», es decir, en un nivel inferior al de la vida ordinaria. Es un principio de los más importantes, que es olvidado muy fácilmente.”[2]


La humildad es una sabia virtud que hemos de tener siempre presente. Reconocer nuestra ignorancia y que somos iguales a los demás, con unas potencialidades a desarrollar y con un camino por andar, nos ayuda a tener presente que no somos mejores que nadie.

La Humildad

La cultivación de la humildad es uno de los procesos que se conciben a medida que se camina por la senda.

Las personas, debido a la identificación y a la necesidad de reafirmación constante, dejamos que el ego actúe, creando y dando una imagen que proyectamos a los demás para ser aceptados y bien considerados.

Normalmente, es común que nos guste hablar de lo que hacemos, de lo que hemos hecho, y de lo que haremos en un futuro. Soy esto y lo otro, y me pongo una etiqueta. He hecho, hago y voy a hacer, y proyecto una imagen de mis actos. He tenido, tengo y tendré, y hablo de mis pretensiones y deseos. Eso no es malo en sí mismo, es natural hablar de ello; la cuestión, en todas las cosas, es el cariz que le damos. Si lo hacemos para aparentar y gustar, es el ego el que habla. Si es para compartir de forma prístina y natural, entonces puede ser productivo y creativo. Aunque más valen actos que palabras, por descontado.

Rebajarse ante los demás, no querer aparentar ni gustar, escuchando a los otros y no imponiendo nuestra visión de la realidad, comprendiendo el camino de cada uno y respetar el tramo de vida que recorre la gente, es cultivar la humildad en nosotros. Cuanto más avanzado es el camino, más humilde se vuelve el caminante.

Aquellos que se vanaglorian de sus logros, que se retuercen en sus fracasos, que viven del pasado o del futuro y no estiman el momento presente ni son conscientes de que alimentan al ego con ésa actitud, poco pueden hacer para alcanzar la sabiduría.

[1] P.D. Ouspensky, En busca de lo milagroso; Fragmentos de una Enseñanza desconocida Editorial Eneagrama, 1949
[2] ibid, pp. 192-196
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